Montpellier, gastronomía y elegancia para viajeros sofisticados

Por: Revista Bleu&Blanc

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Por Tali Akuka (www.taliakuka.wixsite.com/otrosaires). IG: tali.akuka Tw:@taliakuka.

Un viaje ideal para los amantes del buen comer y beber comienza por Francia. El país galo es conocido por tener una de las mejores gastronomías del mundo.

El itinerario empieza Montpellier, una ciudad en el sur que se encuentra a tan sólo dos horas de Barcelona, es muy fácil llegar en autobus (www.flixbus.com) o tren.

Montpellier es conocida por ser la ciudad de los jóvenes; 70 mil estudiantes eligen el lugar para estudiar distintas carreras universitarias, un dato curioso es que tiene la universidad de medicina más antigua del mundo. También, una gran oferta de cursos de francés para extranjeros.

La ciudad tiene un espíritu joven, ese ambiente se respira en el casco antiguo. La visita insólita a Montpellier me permitió conocerla a fondo y de una manera distinta (www.facebook.com/visitinsolite.montpellier). Pauline, nuestra guía experta, nos enseñó que Montpellier viene de “Montespelario” o “Mons Pestelarium” significa “Monte del Pastel”. El origen del nombre es un misterio.

La entrada a la parte antigua empieza en el Arco del Triunfo. Desde la Place de la Comedie, la plaza principal peatonal más famosa que data del siglo XIX empieza una calle peatonal. Cuenta la leyenda que desde su creación es el lugar donde sus habitantes se dedican a la conquista amorosa. En el centro hay una fuente llamada Fuente de las Tres Gracias que suministraba agua en caso de incendio. En ella bailan gloriosas las hijas de Zeus: Aglae, Euphrosyne y Thalia, diosas que personifican belleza, alegría y abundancia. Representan la vida festiva en devoción al dios Apolo. Enfrente, se encuentra el edificio de la ópera, hermoso icono de la arquitectura.

También visitamos los baños de Montpellier que fueron creados en 1770, en un momento en que la higiene recién comienza a progresar en las costumbres. En la actualidad funciona un restaurante de comida típica francesa.

En la rue de l’Ancien-Courrier está la parte más antigua de Montpellier. Esta estrecha calle está llena de galerías de arte, elegantes tiendas y anticuarios. Su nombre se debe a la oficina de correos que se estableció permaneció allí hasta 1852.

Luego, conocimos la Torre Babote, que inspiró al inventor del paracaídas Louis-Sebastien Lenormand, quien probó su invento arrojándose desde lo alto de Babote en 1783. Allí funciona la Sociedad de Astronomía de Montpellier. Enfrente se localiza trompe l’oeil, fue creado por artistas Mad’Art que reconstruyeron una fachada que recuerda a un edificio de estilo Haussmaniano. Entre las ventanas del edificio dibujaron a personajes famosos en la historia de Montpellier como Nostradamus que estudió en la Universidad de Medicina, él predijo en sus profecías por ejemplo el nazismo.

Otra de las joyas es la Iglesia Saint Roch que se construyó en el siglo XVIII. Según la leyenda, Saint Roch fue en peregrinación a Roma cuando la peste se extendió por toda Italia.

Siguiendo el camino llegamos a “La Nef” una antigua capilla que se convirtió en una nueva sala de exposiciones de “Ateliers d’Art de France” – la asociación de atelieres de Francia. La Capilla de la Visitación ha sido restaurada y allí exponen la artesanía contemporánea y todo tipo de objetos de diseño y arte.

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Caminar por las calles de Montpellier es viajar hacia el pasado. En el barrio árabe se regatea y se venden todo tipo de productos usados en la vía pública.

A tan sólo unos kilómetros del casco antiguo se encuentra el mar Mediterráneo, por lo que Montpellier es una ciudad que tiene 300 días de sol al año.

Comer y comer… a la francesa

Una excelente opción para un desayuno excelente se encuentra en Extra Shoot. La cafetería prepara unos cafés de aromas intensos y artesanales, ideales para acompañar con un cheese cake delicioso (www.extrashot.fr).

Estén atentos, pues el almuerzo en Francia es estricto: de 12 a 14 pm. En ese horario Fatma, la dueña del restaurant Le Barroque, prepara un menú a un precio accesible de comida de autor. El ambiente me hizo recordar a la famosa película francesa Amelie, callecitas pequeñas, una camarera joven y sonriente atiende a todos los comensales y la dueña en la cocina pequeña prepara unas delicias francesas. Todos los productos provienen del mercado local.

El pollo de guinea relleno de avellanas junto con una ensalada fresca resulta una explosión de sabores, así como la tarta de queso, uno de los ingredientes fundamentales de la cocina nacional. Para el postre el volcán de chocolate asombra por su sabor (www.facebook.com/Le-Baroque). Y por la tarde tienes que probar un crepe relleno con crema de chocolate y helado en Dino (www.gelatsdino.com).

Volver al pasado

El Hotel Du Parc (www.hotelduparc-montpellier.com) se encuentra en una antigua casona clásica francesa que data del año 1800. Allí vivía la familia del Conde de Viviers de Chatelard que construyó su casa de estilo hausmaniano en el barrio Boutonnet. Hausman fue un arquitecto al que Napoleón III le encargó la transformación de París.

La experiencia al adentrarse en el hotel es como despertarse en la época del Renacimiento para disfrutar por los balcones un jardín natural y también observar una pared un mural realizado por el artista local Mad ‘Art que nos retorna al presente.

Séte, una villa portuaria

Séte es una pequeña ciudad que tiene un puerto encantador y esta próxima a Montpellier. Durante los fines de semana se arma un mercado con distintos productos típicos como las ostras, pescados y mariscos de la zona. También ofrecen una gran cantidad de tipos de quesos. A tan sólo un minuto del área portuaria comimos en el restaurant Le Marie Jean (www.facebook.com/restaurantlemariejean), las especialidades y todos los platos se asocian a la estrella de la cocina local: el pescado.

Villeneuve-les-Maguelone, gastronomía de autor

A tan sólo 12 kilómetros de Montpellier se encuentra Villeneuve-les-Maguelone. Al lado de la pequeña y pintoresca catedral se ubica el restaurant cultural Le Petit Troc (significa el pequeño trueque) que abre todos los mediodías con un menú fijo para elegir. La gastronomía local es una opción imperdible para los amantes de los buenos platos. En este pequeño restaurant preparan una sopa de berenjenas y roquefort de entrada, para el plato principal un pastel típico de patatas francés que vale todos los kilos de más. (www.facebook.com/lepetittro).

Por último, para relajarse antes de volver a casa degusta un vinos en Ormarine (www.cave-ormarine.com). Son de producción regional y la industria es cooperativa. Ofrecen distintos horarios para realizar degustaciones.

Crédito fotografías: Guus Angeneind

Agradecimientos especiales: Pauline Salembier, Magda Meslem, Sarah Gardener y Guus Angeneind.

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