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De nómada por Yucatán: un destino que enamora en cada visita

Por: Pablo Ricalde 20 Jul 2021
Un viaje al Yucatán profundo, místico y natural. Un encuentro con flamingos, sitios arqueológicos y ciudades que enamoran. Una travesía hacia el pasado, entre henequén y haciendas.
De nómada por Yucatán: un destino que enamora en cada visita

Casi imperceptible. Casi fugaz e inmediato. De una manera efímera seis semanas en Yucatán quedaron grabadas en mi aura; tal vez influenciado por él misticismo maya que siempre me ha enamorado o por la clarividencia qué veinticinco ciudades me mostraron cómo es que viven los yucatecos.

Mi interés por Mérida y sus alrededores no es nuevo; bastaron unos días en mi niñez en los noventa para darme cuenta de que nuestros lazos estaban cruzados. Con orgullo, y un poco más frecuente de lo que se me pide, presumo que yo logré subir El Castillo en Chichén Itzá un par de veces antes de que fuera totalmente cerrado al público. Sin embargo, esta vez tenía planeado algo más intenso y agresivo; sin vacilar, empaté seis semanas en mi agenda para conocer verdaderamente Yucatán.

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Lo que yo quería era ser nómada en el estado más seguro del país. Mi punto de partida fue Telchac Puerto y la salinera Xtampú, que, aunque menos rosada que de costumbre, me parecieron ideales para empezar. Fui nómada por cuarenta días para terminar en Valladolid, recorriendo paso a paso las tiendas en la Calzada de los Frailes para terminar en la Catedral.

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Salinera Xtampu Yucatan

Telchac, entre flamingos y sitios arqueológicos

Como una cosa trae otra, mi estancia en Telchac trajo consigo un sitio arqueológico antes desconocido para mí –Xcambó– y otro lugar de avistamiento de flamingos –Arenales-, tan cerca de Chicxulub donde la humanidad cambio y empezó de cero su existencia. Así fue como un día un meteorito extinguió a los dinosaurios, y millones de años después, mis ganas de volver a la Ciudad de México. Xcambó es pequeño y lleno de iguanas; aun en días de lluvias, como lo fueron mis primeras noches en la región.

Flamingos Telchac Yucatan

Entre las cosas que resaltan es que se pueden subir a todas las estructuras de la zona y con mucho menos turismo que Uxmal, hace que la experiencia se disfrute al doble. La ausencia de hambre me permitió manejar hasta San Crisanto para ver el mar, el atardecer y los mejores camarones al coco del recorrido, cortesía del restaurante La Palapa.

La zona, quien pide a gritos renacer, sigue gravemente impactada por los huracanes que han afectado las tierras mayas en los últimos lustros. Los vestigios de casas destruidas son evidentes cuando recorres el pueblo. Sin embargo, la cantidad de proyectos en construcción demuestran que el renacimiento está y llegó para quedarse. Justo aquí navegué en uno de los tres manglares que iba a visitar; también fue el más cómodo, aunque eso lo sabría más adelante.

Los días ociosos en Telchac llegaron a su fin, no sin antes invitarme a conocer el atrio más bonito que vería en el viaje en Dzemul, desayunar huevos motuleños en Motul con Doña Evelia, antes de sumergirme en su cenote- y, sentirme apicultor por unas horas en Sinanché. “Todo saldrá bien, no se preocupen” mencionaba nuestro guía en Apiturismo Sinanché cuando nos pasaba una plaqueta llena de abejas para buscar la abeja reina y ver la ya famosa jalea real. Todo salió bien, como fue mencionado, y aun con el traje especial para manejar abejas, el miedo me invadió. Un miedo bastante temporal ya que al conocer las abejas meliponas y sus túneles, la ternura entro a mis entrañas y olvido por completo laso aguijones de sus primas lejanas.

Abejas apiturismo sinanche Yucatan

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Izamal, encanto en amarillo

Apenas estaba recuperando la respiración cuando mi vehículo se detenía en Izamal. A lo largo de recorrido, Izamal surgió como parada obligada en tres ocasiones. De manera aleatoria y sin orden particular mis visitas al pueblo amarillo fueron influenciadas por ir a pie, en caleza o en cuatrimotos. Conocí el convento de San Antonio de Padua, la esquina elefante y la esquina del venado, las pirámides de Kinich Kakmó y una fábrica de alcohol a base de henequén. Una pirámide cuasi escondida y solo accesible por los cuatrimotos me recordó todo lo que falta por explorar de nuestros ancestros y aunque mi visita a Ek Balam me demostraría que los terrenos pendientes por explorar son aún más grandes de lo que pensaba, en ese momento mi mente limitada arrojaba un mínimo calculo.

Paseo cuatrimotos por Izamal Iglesia Izamal

Aunque ligadas, mis tres visitas fueron bastante independientes. La primera me impacto por su tono amarillo y la visita de Juan Pablo II en los noventa. La segunda por su coexistencia hilada con destrucción de las pirámides mayas y artesanías de henequén, mientras que la tercera fue un toque de adrenalina en un Pueblo Mágico. Incliné la cabeza antes de subir al atrio principal del convento, aun con un calor típico de la región y del verano, el respeto era debido. Regresé a Hacienda Sacnite, la mejor opción en Izamal, para darme un chapuzón. Ubicadas a menos de cinco kilómetros del centro, en la hacienda te sientes aislado, protegido y atrapado; con los cuartos independientemente diseñados, las habitaciones de la casona principal son los más amplios y acogedores.

Hacienda Sanicte Izamal

Sisal, un tesoro escondido

Aferrado al oeste del Estado, hice una visita relámpago a Sisal, recién nombrado Pueblo Mágico, en primicia de que visitaría un manglar antes de ser abierto al público. Lo que más atrajo mi atención fueron los petenes, como se les conoce a los ojos de agua en Sisal. Los locales los identifican por que los árboles cercanos a ellos crecen más altos al tener acceso a agua dulce. Al llegar, la primera de muchas sorpresas que Sisal me daría salió a flote: el tour del manglar incluía una caminata de cincuenta metros dentro del manglar y dentro de un fango con cero riesgos. La visita al petén se hacía después de una visita a flamingos y canales, para que la noticia caiga menos sorpresiva.

Puerto de Sisal en Yucatan

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Mundo Maya entre la selva

Siguiendo un orden casi ficticio, mi siguiente parada fue la capital del Mundo Maya: Chichén Itzá, Selva Maya y Ek Balam. Por un interminable instante recordé la primera vez que vi El Castillo de Chichén Itzá hacia casi cinco lustros. Su majestuosidad hace que te rindas, no hay nada que hacer acá; me pasó y les pasa a todos. Hay un antes y un después de Chichén, al igual que hay un antes y un después de un buen Poc Chuc, de un relleno negro o de un caballero pobre.

Sitio Arqueológico de Ek Balam Sitio Arqueológico de Ek Balam

Hubo un antes de Ek Balam y ser renovado al salir del sitio arqueológico. Un juego de pelota diferente al de Chichén pero que los arqueólogos confirman se usaba para jugar contra el de Itzá que era más usado para desfilar, estatuas de estuco, un arco parecido al de Labná que te obliga a agachar la cabeza en señal de respeto y una pirámide que bien vale una visita con la noticia que aún es escalable. Los trabajos de restauración siguen; se estima que menos del 10% ha sido descubierto. Mas discreta que Dzibilchaltún, que visitamos en nuestra estadía en la capital, Ek Balam sigue apenada de manera injustificada. Detesté terminar la visita, aunque el itinerario actualizado indicaba pernoctar en la selva.

Las cabañas Uh Najil Ek Balam superan las expectativas; pronosticaba una noche turbulenta y en cambio recibí silencio absoluto, una rica cena casera (que agradecí después de llevar ya varios días en restaurantes) y un despertador natural compuesto por aves, loros, pájaros carpinteros y uno que otro sapo. Justo cerca de las cabañas hay emprendedoras que se dedican al urdido de hamacas. Lo hacen tan fácil y rápido que cuando te invitan a practicar, aceptas con resultados vergonzosos.

Cabañas Uh Najil Ek Balam

Fue una grata sorpresa para mí la cantidad de yucatecos que duermen en hamaca; por algunos años pensaba era un souvenir turístico vestigio de las grandes haciendas del siglo pasado cuando el llamado oro verde obligo a muchos trabajadores dormir en espacios reducidos. Fui testigo de que un alto porcentaje, compuesto por niños y adolescentes, siguen durmiendo diariamente en hamacas. Anecdóticamente, aquí fue el lugar donde decidí comprarme una.

Mis anécdotas no están ordenadas de manera cronológica ni jerárquica. Tienen el orden de mi memoria. En mi hoja de vida esta Yucatán, más presente que nunca.

Donde dormir en Yucatán

Mérida

Hacienda Ticum. Las fotos no le hacen justicia a esta hacienda; con tres albercas, actividades a caballo y cercanía a la capital surge como una de las mejores opciones en Mérida. Quedarse un día solo para disfrutar la hacienda es altamente recomendable.
KM 1.5 Carretera Ekmul, 97470, Aké, Yuc.

Hotel Hacienda Ticum

Wayam Mundo Imperial. El recién inaugurado hotel está a dos cuadras de Paseo Montejo. Los cuartos están super amplios y junto con los árboles pretenden ser una selva llena de puentes colgantes. Desayunar el francés de su restaurante es la única manera de empezar el día.
Av. Colon 508, García Ginerés, 97070, Mérida, Yuc.

Wayam Mundo Imperial fachada

Izamal

Hacienda Sacnicte. Con un estilo entre henequenero y marroquí, la hacienda Sacnicté ofrece cuartos muy amplios y lujosos para visitar Izamal. Las mermeladas son hechas en casa, vale la pena disfrutarlas en el desayuno.
Carretera Tekal de Venegas Km. 5, 97541, Izamal, Yuc.

Hacienda Sanicte Izamal

Valladolid

El Mesón del Marqués. Ubicado en el Centro de Valladolid enfrente de la Catedral, hace que sus vistas sean únicas. El hotel recientemente se amplió.
Calle 39 203, Centro, 97780, Valladolid, Yuc.

El Mesón del Marqués

Agradecemos a la Secretaría de Fomento Turístico de Yucatán las facilidades para descubrir los tesoros que encierra el Estado.

Firma Pablo Ricalde

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