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Barrancas del Cobre: Tres capítulos, tres momentos, tres paisajes

Por: Pablo Ricalde 07 Abr 2021
Una travesía indómita entre la naturaleza, el lujo y la comunidad menonita. Parajes de película. Gastronomía excelsa. Eso y más ofrecen las Barrancas del Cobre, en Chihuahua.
Barrancas del Cobre: Tres capítulos, tres momentos, tres paisajes

Podía percibirlo aún antes de abrir el carrete de foto; elegir mis favoritas de mi viaje a Barrancas del Cobre para imprimirlas y así hacer un álbum del viaje iba a ser una tarea imposible de terminar. El álbum tenía como principal objetivo eflejar un pedazo de la felicidad vivida en el viaje y convencerme que era hora de comprar una cámara Leica. El álbum igual pretendía en toda la extensión de la palabra estar alejado de parecer un ejercicio de scrapbook, quería que reflejara una añoranza, un momento.

Me surgió una idea bastante intuitiva: pensar en los momentos que habían superado las expectativas y asociar cada uno de ellos con una foto. Aunque parecía un ejercicio bastante trivial, el desenlace del experimento fue poco exitoso; seguía sin poder elegir de las mas de tres mil fotos que tome en mi recorrido de Topolobampo a Chihuahua. El segundo enfoque fue más estricto y puramente matemático –lo sé, sigo sin alejarme del todo de mi educación actuarial–. ¿Cuáles habían sido las palabras mas mencionadas en el viaje? Como las matemáticas rara vez fallan, tenía mis tres palabras: Topolobambo, tirolesas y menonita.

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Terminales de almacenamiento, gasoductos y puerto hacia La Paz son los pocos créditos que se le dan actualmente a Topolobambo. Esta ciudad a quince minutos de Los Mochis tiene además que hacer frente a otra limitante, la dificultad de pronunciar su nombre; por lo que mucha gente ya ni se esfuerza y le diga simplemente “Topo”. Los camaradas del viaje hicimos énfasis en pronunciar Topolobambo con todas sus sílabas. La razón era simple, Topolobambo nos recibió con todo su esplendor y queríamos ser justos. Los manglares que dan la bienvenida en la entrada en Maviri eran fuera de este mundo, así como los ostiones. Los meseros, probablemente en tono de burla dada su habituación al platillo, miraban nuestra cara de sorpresa al ver el tamaño de los ostiones. “¡Una tortilla de harina!”, exclamé al ver la tostada de camarones. “Quiero un taco”. El pescado zarandeado con camarones sirvió como plato fuerte, pero todos los platillos tuvieron un personaje protagónico.

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ostiones Maviri

En el mar había calma en el oleaje, pero no en el viento. El agua era fría y la carencia de nubes hacían ver el azul del cielo un tono similar a una crayola en un estuche de colores. Teníamos que estar camino a la ciudad del Fuerte antes del anochecer. El viaje recién empezaba y no debía de haber imprevistos para subirnos al ya famoso tren del Chepe Express a la mañana siguiente. Cruzando el puente de regreso a tierra firma, con la isla ya como un recuerdo y con lo vista firme en la Sierra Madre Occidental y en las Barrancas del Cobre.

Barrancas del Cobre playa

Tirolesas: fingiendo ser un colibrí de las Barrancas del Cobre

Finalmente logré ver la estación receptora de la primera de siete tirolesas en el Parque de Aventura de las Barrancas del Cobre. Me negaba a lanzarme. No era miedo lo que se formaba en mi interior, ya que no estaba paralizado. Los guías del parque transmitían confianza mientras que el equipo se veía seguro. Utilizaríamos las siete tirolesas para dejar ir cargas negativas, habíamos acordado una noche anterior. Similar a cuando dejábamos atrás las vías del tren hacía pocas horas. Eso me motivaba a lanzarme. “Soltar el pasado para tener manos para sujetar el futuro”, dicen todas las frases motivaciones en Instagram. Cuando llegó mi turno, ni eso me motivó a lanzarme. Simplemente no quería. Como sí terminé el recorrido, mis lectores pueden asumir que en la primera me lanzaron sin mi consentimiento; también pueden asumir que me la pasé fatal. No hubo nada rescatable en los 477 metros que duró la primera tirolesa. Ni grité ni solté una de las siete cargas que había enumerado la noche anterior. Frené cuando se me pidió, seguía sin tener miedo, pero también seguía enfermo de los nervios. Sólo ahí entendí en el lío en el que estaba, la única manera de salir es terminando el recorrido (psst, otra frase motivacional venía a mi mente). Me faltaban seis, una de más de un kilómetro. No lo disfrutaba.

Barrancas del Cobre tirolesa

Sin embargo, me tiré en cada una más contento y satisfecho que la anterior. En cada recorrido pude corregir lo que estaba haciendo mal, algo así como recargar combustible y formar una base mas sólida y con menos imperfecciones. No fue hasta la última que pude soltar de manera literal y figurativa todo. En poco mas de 700 metros, acompañado de un miembro del equipo, con mis brazos abiertos como un colibrí en pleno vuelo, deje ir siete traumas para poder recibir lo nuevo, que, aunque misterioso e incierto, es lo que nos mantiene vivos. Ni el viento pudo contra mis ojos que se negaban a cerrarse para no perderse ni un segundo de las vistas. Comprendí por qué entrenamos. Estamos para aprender y mejorar con el único objetivo de disfrutar y aprender a vivir.

Barrancas del Cobre Chepe

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Menonita: got cheese?

Recuerdo un análisis de la industria del queso en México que hice a inicios de mi carrera; con una participación de mercado nada despreciable, los quesos menonitas son la única asociación que tenemos para la tribu que va a cumplir un siglo en el país en 2022. Sin embargo, al parecer, los quesos son simplemente el hobbie. Los menonitas tienen sus reglas y se niegan a romperlas, principalmente el pacifismo. Negados a hacer el servicio militar, los menonitas han emigrado de Holanda, Rusia y Canadá para finalmente establecerse en ChihuahuaDurango. Aunque pacifistas, no están peleados con trabajar duro. Las casas, parecidas a mansiones de Woodlands, son el ejemplo de como viven hoy en día. La verdad, desde que llegué a Ciudad Cuauhtémoc me sentí en Texas. Los centros comerciales parecidos a Houston, más tiendas John Deere de las que había visto en mi vida, y obviamente aparadores de lácteos, manzanas y cacahuates.

quesos menonita

En el museo menonita vemos muñecas sin cara para no fomentar la vanidad, bancas para los hombres y sillas para las mujeres en el comedor son la muestra de que para los menonitas la mujer atiende y el hombre provee. El único deseo de muchas mujeres tradicionales menonitas es ser mamá, son las pocas las que van a ir a la universidad. ¿Fue un viaje a Chihuahua o al pasado? Las mujeres más liberales ya sólo tienen de tres a cuatro hijos, contra siete de las más conservadoras.

nia Menonita chihuahua

Donde dormir en Barrancas del Cobre

El Fuerte: Posada del Hidalgo. El mejor hotel del El Fuerte; acá hay que probar los langostinos. Hay un show de El Zorro, oriundo de la comunidad, a las siete de la noche todos los días. Hay un tour en una balsa por un río cercano, vale mucho la pena.

Divisadero: Hotel Mirador. Las vistas son de revista y jamás le harán justicia; la terraza llena de colibríes es bastante agradable. La comida, aunque cero sofisticada, cumple con el objetivo.

Firma Pablo Ricalde

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