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Arte y Cultura

Exposiciones interactivas, ¿arte o espectáculo?

En el auge de las instalaciones interactivas y digitales, presentadas por los museos más relevantes del mundo, reflexionamos sobre su impacto en el público.
Escrito por: Revista Bleu&Blanc

En los últimos años, los museos del mundo han aumentado sus números de visitas con impactantes exposiciones de arte interactivo, digital e inmersivo. Por supuesto, estos espectáculos no están exentos de críticas. ¿Es arte o espectáculo? En este artículo, nuestro columnista cultural Abel Cervantes apunta algunas pistas para responder a una pregunta vigente. 

 

Arte interactivo, ¿para qué?

Una mujer, un adolescente, un hombre o un niño entran a un museo y toman una foto con su celular mientras posan al lado, encima o debajo de las obras. Posteriormente, suben la imagen a Instagram o Facebook o Twitter. Utilizan su pantalla no sólo para registrar lo que ven, sino también para interactuar con las piezas, algunas de las cuales ofrecen un efecto de movimiento cuando se las mira a través de algún dispositivo móvil. Una mujer, un adolescente, un hombre o un niño tocan los materiales, sienten su textura y tienen la impresión de que están ante una verdadera obra de arte, porque les ofrece la posibilidad de estimular sus sentidos de una manera que ninguna otra actividad lo hace.

En los años recientes museos de todo el mundo han ideado estrategias para atraer al gran público bajo la promesa de acercarlo al arte sin necesidad de aburrirlo o exigirle un tiempo para intentar una interpretación. Después de todo, ¿no es el arte un acontecimiento sensorial para asombrarse y para entretenerse y para divertirse y para tener contacto con algo a lo que no hubiéramos tenido acceso en nuestra vida cotidiana?

Así lo piensan iniciativas como la plataforma multidisciplinaria TeamLab de Tokio, el Barbican Center de Londres o el Museo Trick Eye de Ciudad de México, que prometen dotar al espectador de todo aquello que no tiene: una oportunidad para participar en el arte.

Interactive Magnetic Field Theater by teamLab from teamLab on Vimeo.

Adriana Urquiza, artista mexicana que crea pinturas alucinantes con cera de abeja

No hay obra sin espectador

El tema no es nuevo. Para nada. Desde los griegos sabemos que en el teatro –como en el arte– no hay obra sin espectador. Sin embargo, en los últimos –digamos– 100 años se ha abierto un nuevo debate sobre la supuesta pasividad de aquel que posa frente a una pieza y la mira. Si antes se pensaba que mirar es lo contrario de actuar y mirar es lo contrario de conocer, hoy por lo menos se pone en entredicho que al estar frente a una obra –de teatro, de arte, de cine, de literatura o de cualquier otra actividad artística– ocurren en el espectador una serie de procesos racionales y perceptivos donde conecta sus experiencias con lo que tiene ante sí. Entonces no es un ser pasivo. Esta propuesta se reafirmó con las teorías de la recepción y, probablemente, con ese pequeño libro maestro llamado ¿Cómo hacer cosas con palabras?, donde el lingüista John Austin afirma que las palabras no son simples sonidos articulados emitidos por nuestro cuerpo para brindar sentido a nuestro entorno, sino acciones que, a su vez, propician otras acciones en quienes las escuchan.

¿Y cuánto de esto puede decirse en el arte? Todo. Todo eso. Que cuando un espectador está frente a una pieza y la recorre con la mirada, podría generar pensamientos complejos que lo motivaran a la acción. Todo eso. Que al salir de un museo, las obras observadas podrían transformarse en ideas que repercutan en la vida cotidiana. Todo. Todo eso. Que el arte tiene una potencia política invalorable si se lo ve como un proceso transformador.

Vista de Franz Erhard Walter, “Objetos para usar / Instrucciones para procesos”. Museo Jumex, 2018. ©Abigail Enzaldo y Emilio García

Cuando el entretenimiento se disfraza de arte

Pero cuando el entretenimiento se disfraza de arte y se mete en los museos aparentando ser lúdico y divertido y accesible, las repercusiones en el ámbito político pueden ser –precisamente– las que aquella dice combatir. Sí, una buena parte del arte interactivo fomenta la pasividad al reducir la experiencia artística al placer de los sentidos.

One Hundred and Eight – Interactive Installation from Nils Völker on Vimeo.

Un gesto artístico no es aquel que provoca un ¡oh! o un ¡ah! mientras se corre una cortina para descubrir un cuadro o una escultura. Desde hace mucho tiempo sabemos que el arte no es lo bello ni lo asombroso. A más de 50 años de la muerte de Duchamp en museos, galerías y espacios públicos todavía se discute qué es el arte. Y si es así, entonces, ¿qué es el arte? Por lo pronto robo la definición no de un crítico, ni de un curador, ni de un artista, ni de un académico, sino de un escritor: arte es todo aquello que nos obliga a mirar ahí donde nadie mira. Ahí donde eso que parecía carente de sentido adquiere nuevos significados. Todo eso.

Por supuesto, no todo el arte interactivo es entretenimiento. Porque la condición artística no tiene que ver con un rasgo, sino con una posición. Y así como hay actividades interactivas banales también existen obras que exigen una participación resuelta del espectador para motivarlo a entender la realidad desde otro lugar. Ahí está la actividad del espectador. Como menciona Jacques Rancière en El espectador emancipado: «La emancipación comienza cuando se comprende que mirar es también una acción que confirma o que transforma […] la distribución de las posiciones. El espectador actúa […] [porque] observa, selecciona, compara». Y sí: interpreta.

La obra de Yayoi Kusama llegará al Jardín Botánico de Nueva York en 2020

Sobre el autor

Abel Cervantes es colaborador frecuente de Bleu & Blanc. Escribe sobre cine, arte y cultura. Director de Estudios Culturales Contemporáneos, es docente de periodismo y cine en la Universidad Autónoma de México. Es director de comunicación en Festival Internacional de Cine de Tulúm (2019). Fue director editorial en Código y anteriormente, editor en La Tempestad.

*Este texto fue publicado en la edición impresa de julio de Bleu & Blanc. Suscríbete aquí.

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